martes, 17 de octubre de 2017

Documental político parte 1

Documental como instrumento político 

Primero debemos definir el documental político estableciendo una diferenciación entre medios y fines: se trata de un cine que no se propone un fin artístico sino que es un medio estético que utiliza la herramienta del cine para perseguir un objetivo político. Su propósito es promover la acción, un proceso de concientización, crear compromiso con una causa o alentar a llevar a cabo una práctica determinada. Bajo esta perspectiva que diferencia forma de contenido (y política de estética), el documental político no persigue convertirse en una pieza artística y no tiene el propósito de ser ese objeto “sublime” que apenas respondería a valores estéticos, sino que despliega de forma explícita un mensaje político a través de un formato artístico. Sabemos que todo artefacto cultural, aún aquel que pretende provocar puro “regocijo estético” tanto como aquel que pretende “adoctrinar” en determinado sentido, presenta vínculos entre las formas y los contenidos que aportan significado y son intrínsecos a su objetivo.

El formateo del documental político, tiene su inicio a finales de la década del 60 como un cine que proporciona elementos suficientes para reflexionar sobre una determinada realidad política. Se debate entre el formato del drama y el documental pero en cualquier caso desea proporcionar una interpretación de la historia y una reflexión estética sobre el pasado que el espectador hace propia o rechaza ideológicamente.

Con el fin de la II Guerra Mundial, el proceso de descolonización, el Mayo Francés y los movimientos tercermundistas, el documental político encuentra tierra fértil para su desarrollo en muchos directores como Godard, Karmitz, Rivette y Resnais luego replicado en cineastas latinoamericanos como el Grupo de Base (Gleyzer), Cine Liberación (Solanas, Getino, Vallejos), UKANAU (Sanjinés), Santiago Álvarez o Patricio Guzmán. El motor del nuevo cine político, entendido éste como una indagación en las luchas obreras con espíritu de vanguardia floreció en el Tercer Mundo, sobre todo en América Latina y emerge con fuerza desde la lucha anticolonial en Argelia y contra la pobreza secular y los modelos revolucionarios de Cuba y de la guerrilla campesina.

Dentro de esta amplia cinematografía se destaca el griego-francés Costa-Gavras, que tiene en su haber relatos de denuncia de lo que fue la dictadura de los coroneles Z, del estalinismo checo La confesión, y de la violencia estatal en América Latina Estado de sitio y Desaparecido. También La batalla de Argelia (1966) y Queimada (1969) de G.Pontecorvo o Rojos y blancos (1967) del húngaro M. Jancsó y  Novecento (1976) de B. Bertolucci.
Pero existe un antecedente que resulta insoslayable, por su influencia, calidad e innovación de sus películas, más a allá a qué intereses políticos respondía. Se trata de la producción de la cineasta Leni Riefenstahl quién realizó importantísimas piezas de propaganda en el contexto del III Reich con Hitler.

Estética de la política o política de una estética

En 1934, en la ciudad de Nüremberg, una de las cineastas más brillantes de la historia, Leni Riefenstahl, fue la elegida por Adolf Hitler para retratar una de las primeras multitudinarias concentraciones el partido nazi. Miles de simpatizantes de Hitler oficiaron de extras que llenaron las calles para recibir al Fûrer, escenas que fueron registradas por la cámara de Leni por un verdadero batallón de colaboradores. El equipo en total constaba de 120 personas más 30 camarógrafos y cuatro camiones que registraban el sonido. La directora decidió meticulosamente donde debían situarse las cámaras y los movimientos que se harían e hizo construir innumerables puentes, rampas, torres y hasta un ascensor eléctrico para ubicar la cámara. El resultado fue El triunfo de la voluntad  donde Riefenstahl  compone una coreografía de imágenes y sonidos de las marchas de los nazis con aplausos, banderas y cruces gamadas en una coordinación que resulta hipnótica. Un mundo ordenado, ideal cerrado y perfecto de donde Hitler bajaba iluminado, cual elegido de los dioses. Este documental es considerado un extraordinario film de propaganda además que se cree que esta película hizo que muchas personas adhieran al nazismo. Sin embargo, también fue utilizado por las fuerzas aliadas para demostrar la manipulación y la demagogia de Hitler aunque también para inspirarse en sus técnicas de captación. Más tarde, en 1938, la directora filmó Olympia I y II que relata las circunstancias de acuerdo a los sucesos de la Olimpíadas celebradas en Berlín ese año. En esta película, la exaltación de las figuras humanas en armonía con el movimiento, recuerda en la cuidada escenificación de la película, a los parámetros clásicos de la Grecia antigua. Esas imágenes también tenían como objetivo exaltar el régimen, esta vez, por intermedio de los cuerpos, formados en equilibrio y correspondencia de la guerra con el deporte en el contexto de la sobrevivencia del más fuerte. La utilización de fragmentos de la película por parte de los norteamericanos y su mala relación con Goebbels le sirvió a Leni para salvarse de la horca cuando la enjuiciaron por exaltar la figura de Hitler. Pero no se salvó del electroshock. Falleció a los 101 años en el 2003 dejando una producción fotográfica de gran técnica, sensibilidad y virtuosismo.

El triunfo de la voluntad es un film que ensalza y glorifica al régimen nazi, supone un antes y un después en el género del documental político. ya que coloca en el centro del debate la relación entre estética y política, y sus cruces con un hecho artístico. De esta manera, también tensiona la cuestión del medios y fines. La obra cinematográfica de la directora procura un goce estético, un ideal de belleza y armonía, postulados que a la vez determinan la ideología nazi en los ideales del orden, la disciplina. la sumisión y las jerarquías. Walter Benjamin, al recorrer la organización de la estética con la política, indica que estas películas sirven a la política nazi porque contienen una estética y no al revés. Hay una política porque antes hubo una estética de lo que resulta que hay una ideología de la forma de volver sensible un espacio de visibilidad. Siguiendo este razonamiento, el documental político cumple su función en tanto sea definible una estética, una construcción sensible de la imagen. En este caso, la diferenciación entre medios y fines se diluye y el documental puede transformarse en una verdadera arma de guerra.

Pero la producción cinematográfico-política –podríamos decir- de la talentosa Leni Riefenstahl se inserta en un proyecto de construcción de una realidad total, un gran relato, aquel ideado por el poder estatal del Tercer Reich, en la primera mitad del siglo pasado. A diferencia de aquel cine, el cine de posguerra inauguró un tipo de fragmentación del relato, personajes menos estructurados, una construcción que incluye los vacíos, los desvíos, el azar. De esta manera, se incorpora el sonido directo, los actores que hacen de sí mismos, la calle como un escenario en donde todo puede ocurrir, una riqueza de situaciones y movimientos que una cámara liviana y más ágil puede tomar con fluidez y gracia. Es el cine del Neorrealismo en Italia al que se le suma la Nouvelle Vague, y el Nuevo Cine Alemán. A los protagonistas se los busca en la calle, son actores que hacen de sí mismos sin el artificio de la actuación. Son ficciones que incorporan escenarios reales, diálogos más fluidos y descontracturados.

LENI RIEFESTAHL - EL TRIUNFO DE LA VOLUNTAD

A partir de los años 60, ciertos hitos políticos – como la revolución China, la revolución Cubana, el proceso de descolonización en África, el mayo francés, entre otros – establecen un diálogo con los nuevos usos de la cámara. El imperio de la razón que partía de una ley general para llegar a una conclusión particular o a un ejemplo individual se deshace, para dar paso a un horizonte de incertezas, donde la irracionalidad, el discurso y el inconsciente tejen sentidos acotados (que de todas maneras se pretenden universales). Pero ya no son los grandes relatos los que construyen al sujeto sino que son los sujetos, en su diversidad, los que van construyendo relatos.

En la actualidad y desde la caída del muro de Berlín, a fines de la década de 1980, el proceso de globalización produjo indefectiblemente una relectura de esos grandes relatos, paradigmas de rimbombantes definiciones y modelos emblemáticos. Se reformulan entonces los grandes postulados, aquellas teorías o doctrinas que sostenían de manera monolítica, estas ideas revolucionarias en términos políticos como el socialismo. En nuestra realidad actual, surcada por la crisis de esos grandes relatos abarcadores, se ha dado lugar a la valoración de realidades más acotadas, al surgimiento de los denominados pequeños relatos.

El cine, y específicamente el documental político desde una perspectiva actual, no es ajeno a estos dilemas. Si El Acorazado Potenkim e incluso los documentales que vimos hasta este momento, eran filmes de grandes relatos, que mostraban personajes emblema, poco a poco y sobre todo a partir de la década del 60, la construcción de los sujetos comienza a ser fragmentaria y más compleja. Son los individuos, los nombres propios los que llevan adelante la acción y van tomando de la política o del arte lo que hace falta para comprender o cambiar al mundo. El procedimiento es partir de una experiencia particular y concluye en varias generalidades y no al revés.

En este sentido, el film de la clase pasada, Crónica de un verano, de 1960, es un ejemplo de este proceso. El documental registra personas de la calle que responden espontáneamente a una premisa. Esta idea toma a la cámara como un instrumento de conocimiento y como un lugar de enunciación de lo político. La idea de verdad que construye la cámara se contrapone a la idea de verdad de Vertov, por ejemplo. La cámara muestra, tras de sí y de su intrincado juego de lentes, lo que el mundo nos devuelve como imagen y que se traduce como una “verdad”. De hecho, existe tal confianza en la máquina- como la tenía el futurismo y el Cine-ojo- que se piensa que lo que está tomando esta cámara, es verdad, es “lo que pasa”. Esto supone una objetividad, es decir, la creencia de que la cámara borra las fronteras políticas de la visión y que la tecnología no tiene intermediación ideológica. Bajo esta perspectiva, se acepta que lo que muestra un plano es un recorte, pero mismo así es tomado como una “verdad”. Hoy no podemos sostener eso tan fácilmente, aunque vivamos una sociedad del  “Ver para creer”.

DOCUMENTAL POLíTiCO EN ARGENTINA

Para hablar del documental político en Latinoamérica, debe comenzarse aludiendo a Tire dié, el mediometraje de Fernando Birri realizado entre 1956-1958. Una realización anterior a Crónica de un verano  que no va a tener su repercusión mundial pero que inaugura una modalidad importantísima para el documental político: la encuesta política filmada.

Es una encuesta porque lo que exhibe la película es el testimonio directo de los habitantes de una villa miseria de las afueras de la ciudad de Santa Fe, que responden con sus propios relatos a las preguntas sobre su vida en general, sus ocupaciones, sus angustias y sus esperanzas.

Dos mecanismos ponen en el centro el protagonismo de las personas a las que la película.  Uno, la decisión de que sean las palabras de los vecinos las únicas que escuchamos una vez que concluye la voz en off del prólogo. Si bien sus voces han sido dobladas por actores por cuestiones de orden técnico, las palabras de los chicos y de los adultos del barrio están ahí sólo mediadas por la cámara y el micrófono, y sólidamente sostenidas por una edición de imágenes que, en el contexto de realización del film, resultaba revolucionaria. Esa locución está realizada por María Rosa Gallo y Francisco Petrone a manera de subtítulo. De esta manera, la película se hace cargo del lugar de enunciación que propone, sin borrar las distancias entre el quién pone la cámara y hace la posproducción, y quién le habla a ella y protagoniza el film. En ese sentido, es muy claro en qué lugar se pone ese documental y qué quiere contar. Segundo, los realizadores omiten su propia voz de la película, señalando de esta manera que las propios discursos son menos importantes que los testimonios directos de los entrevistados, visitados por la cámara, y que las preguntas que puedan hacerse los espectadores de la obra.

Tire Die fue realizado a partir de 1956, a instancias de la fundación del Instituto de Cinematografía del Litoral, la primera escuela de documental de Latinoamérica. Birri realiza este documental junto varias personas, como una obra y una manera de producir colectiva. La primera versión no se dio a conocer y duraba más de una hora, la que se conoce como definitiva está cortada a 33 minutos en 1960 y se añaden locuciones que transcriben el español al español, es decir que, se superpone la voz profesional diciendo lo mismo que los protagonistas.

El film está realizado en los suburbios de la ciudad de Santa Fe por donde pasa el tren cruzando el río Salado por un puente. Allí los chicos, los nenes descalzos mendigan el tire die cuando el tren debe aminorar la velocidad. Mientras corren por el caminito de 50 centímetros que deja el puente al lado del ferrocarril, piden la monedita a los pasajeros en una situación de mucha vulnerabilidad.

Por otro lado, filmarla en blanco y negro remite al fotoperiodismo, a la foto social como antecedente de este tipo de documentales. El blanco y negro tiene otra densidad, otro cuerpo, otra textura. Tiene otra pesadez, otra presencia,  es más realista, ¿por qué una foto blanco y negro nos parece más realista que una foto a color?.  Quizá sea porque los matices entre el negro y el blanco no acerca a algo más dramático, más serio. También es cierto que las películas blanco y negro se conseguían más fácilmente, eran más baratas y más fáciles de revelar.

La escena principal, la del tren pasando mientras los chicos mendigan, plantea el punto de vista del que está arriba en el tren aunque a veces unas pocas tomas se alternen con unos planos desde abajo donde están los chicos corriendo. Por eso Tire dié tiene la perspectiva de quiénes vivimos en la ciudad, viajamos en tren y vemos la pobreza desde la ventanilla. Más allá que la cámara de Birri realice una encuesta social dentro la villa, es mirada del “otro” la que propone, un lugar de enunciación que no está velado como en otras películas, si no que marca las distancias, las establece. El punto de vista de la cámara es de quiénes gozan de ciertos bienes y servicios. En el comienzo del film, sobre la imagen panorámica de la ciudad  y cuyos habitantes tienen acceso al agua potable, las cloacas, y cierto nivel de consumo a modo estadístico se contrasta con las personas que viven en esa villa. Una ciudad rica y a pocas cuadras se sitúa un suburbio pobre ¿Por qué tanta desigualdades, tanta indiferencia? Con ese interrogante, comienza la película.

Mostrar contrastes es una forma habitual del cine político. Ese diferencias puede tener un corte a la manera diacrónica (antes/después) como las películas rusas postrevolución o puede ser sincrónico (ciudad/ suburbio) como en esta película.

Cuando Tire dié fue estrenada, la mayoría de los habitantes de Santa Fe desconocían lo que mostraba el film por lo que resultó un acontecimiento ver la situación que mostraba la pantalla. Lo mismo que puede pasar ahora respecto a desconocimiento que podemos tener respecto de cómo se vive a 30, 50 cuadras del centro de las ciudades. Podemos imaginarlo, pero que lo cuente la cámara lo cambia todo, lo amplifica y tiene el poder de poner sobre el tapete temas sobre la pobreza aunque a se corra el riesgo que se banalice.

Hay una escena fundamental. Una mujer se encuentra en su cocina y ve que se le aproxima el camarógrafo y exclama: ¿por qué vienen a mostrar nuestra pobreza? Que Birri haya decidido dejar esa escena en el corte final, representa una postura ética respecto al lugar de la cámara. De los pobres sabemos que son pobres, podemos saber de todo lo que les falta, hoy los noticieros y los programas periodísticos se solazan con esas imágenes pero necesariamente dicen ni profundizan sobre el por qué son pobres. A veces se quiere hacer una denuncia social pero no es más que una descripción que no profundiza en los motivos, las causas. En Tire die, la mujer que rechaza con toda razón la presencia de la cámara, luego adquiere una voz fundamental en el documental, ahondando en las razones que conducen a la pobreza.  Sin desentenderse de esa pregunta, la película en la voz de esa mujer, se interroga a sí misma y por las maneras de mostrar la pobreza. Y ante la pregunta ¿por qué son pobres? se hacer un recorrido por las respuestas más usuales y cómodas que pueden hacerse. Por ejemplo, porque no quieren trabajar. De esa manera el film va tomando un relieve particular que adquiere varias dimensiones.

La escena culminante de la película es el fragmento en que las miradas de los pasajeros hacia los mendigos es posible observar una variación de reacciones tomado por la cámara de manera que da cuenta de las distintas posiciones sociales.  Ese momento en que es tren pasa por el puente, permite el único contacto efectivo entre los dos mundos que la película registra.

Uno dice “pobrecitos”, también están los que miran con desprecio, con diversión o como si estuvieran en el zoológico. Un señor con indiferencia que lee el diario, tal vez porque pasa periódicamente y no lo sorprende la situación o simplemente porque quiere seguir leyendo. Más allá hay otro que parece que goza y se ríe. Estas posturas muestran un abanico del “otro” presenciado el horror, porque es un horror ver niños en esa situación y eso es lo que la cámara afronta.

En la primera clase nos preguntábamos sobre los espacios de ficción en el documental y viceversa. ¿Tire dié es ficción o documental?. En la obra La fábula cinematográfica, Jacques Rancière propone una fórmula que articula estos dos registros de la representación cinematográfica clásicamente diferenciados por observadores y analistas. En un capítulo del libro, en el que comenta la obra del director francés Chris Marker, Rancière, se refiere a la ficción documental, aludiendo al documental como un género cinematográfico que, si bien se construye a partir de materiales extraídos de la realidad, es decir, no actuados, se organiza en tanto películas con procedimientos similares a los de todo cine: guión –que impone un recorte de la realidad organizado en tanto relato-, selección de material –lo que se incluye en el corte final y lo que se excluye-, edición de imagen y sonido –que realza ciertos sentidos buscados por los realizadores-, ordenamiento de los distintos materiales en una secuencia –lo que debe ser presentado antes o después, en una cierta correlación de sentido-, ubicación de la cámara, iluminación, encuadre y el resto de los elementos que hacen a la realización de una película.

Siguiendo la idea de Rancière, el cine clásicamente considerado documental como oposición del cine ficcional, no es otra cosa que un género del cine en general, en el que el mundo es representado a partir de las decisiones y opciones estéticas tomadas por los responsables de las películas, que manipulan su material, cualquiera sea su procedencia, por los procedimientos propios del lenguaje cinematográfico, en procura de la construcción de un relato.

La cita a Rancière es porque su interpretación permite diluir la oposición clásica entre documental y ficción y en este sentido es un punto de partida interesante para pensar en Tire dié; y por otro lado, porque la película de Birri expone claramente la articulación entre los distintos materiales de representación en el curso de su relato. Una representación más despojada: la de los rostros y las acciones cotidianas de los niños y adultos del barrio, que presentan un registro de tono antropológico, ante un observador en silencio que mira desde la altura de los ojos y que cede la palabra. Y otra representación mucho más activa e ideológica: la que se percibe en el tire dié propiamente dicho, y que pormedio del montaje y la ubicación especial de la cámara, narra de una manera explícita una instancia social particular, poniéndola en escena por medio de procedimientos propios del cine de ficción no documental. Es decir, sucesivos cortes rápidos que provocan aceleración del ritmo narrativo, una cámara que expone distintos puntos de vista y planos objetivos en perspectiva de la marcha de un tren en el que unos viajan sentados y al que jamás se subirán los otros, obligados a correrlo por afuera y por abajo.

La película se cierra sobre los ojos de otros niños, demasiado chicos aún para ir al tire dié, como señalan sus madres. Mientras vemos sus rostros y sus miradas imposibles de adjetivar, la voz de Gardel nos acerca aires de intemporalidad que nos sitúan, a casi cincuenta años del film, ante esas mismas miradas renovadas en nuestro presente. Tire die inicia una manera de decir. Birri es un documentalista que trabaja con mucha libertad, muestra lo que quiere mostrar, sin ataduras narrativas ni comerciales. Formado en Italia en tiempos del neorrealismo italiano en los años en que Argentina gobierna Perón, vuelve en el 55 y en el 56 funda la escuela. Y tiene una producción muy basta. Fue director de la Escuela de San Antonio de Baños junto con García Márquez y Miguel Littin hasta hace poco tiempo.

Filmografía de Fernando Birri El Fausto Criollo, (2011) - ElegiaFruiliana (2007) - ZA 05. Lo viejo y lo nuevo (2006) - Che: ¿muerte de la utopia? (1999) - El Siglo del viento(1999) - Enredando sombras (1998) - Un Señor muy viejo con unas alas enormes (1988) - Mi hijo el Che - Un retrato de familia de don Ernesto Guevara (1985) - Rte.: Nicaragua (Carta al mundo) (1984) - Rafael Alberti, un retrato del poeta (1983) - Org (1978) -Buenos días, Buenos Aires (1966) - La primera fundación de Buenos Aires (1966) - Gaitán a casa (1964)La pampa gringa (1963) - Che, Buenos Aires (1962) - Los inundados (1962) - Tire dié (1960)


La función del documental social en latinoamérica

Documental Found Footage

Es un método – para algunos un género – de realización de películas construidas a partir de otras, es decir a partir de retazos o de un nuevo montaje. Hay de  varios tipos, donde prima la resignificación ya sea porque el autor encuentra una película antiguas o porque las modifican rayando el fotograma, utilizando algún modo de intervención o por realizar un nuevo montaje.

Los creadores de found footage se mueven en una delgada línea. Por un lado intentan buscar películas exentas de derechos, como películas gubernamentales, cámaras de circuito cerrado, películas caseras, cámaras de seguridad, publicidades... Piezas audiovisuales que se resignifican de acuerdo a la mirada del realizador, perdiendo su función primera.

Como ejemplo y antecedente aunque de ficción, podemos nombrar la primera película que dirigió Woody Allen, What's Up, Tiger Lily? creada a partir de otra japonesa y en la que trastoca el orden de muchas de las partes y cambia el sentido de la película al doblarla al inglés. El resultado fue la realización de una nueva trama que no tiene nada que ver con la de la película original.


Documental Performativo

Introducción a lo perfomático

A partir de mediados de los 60 no serán los grandes relatos los que moldeen subjetividades sino que serán lo sujetos, con sus subjetividades, los que irán construyendo los relatos. Esta premisa, que implica el fin de los grandes relatos, resulta de una ruptura epistemológica cristalizada en el “Mayo del ’68” en Francia, acompañado por un grupo de destacados intelectuales estructuralistas. Se trata de Jacques Derrida, Michel Foucault, y Roland Barthes a los que le seguirán Jean Lyotard y Gilles Deleuze.  Más tarde es en Estados Unidos que fueron catalogados como “pos-estructuralistas” aunque ninguno de ellos admitió ese adjetivo ni su existencia como una “escuela”. Cada cual seguirá por su propio camino incluso con profundas diferencias entre ellos.

Los “pos-estructuralistas” plantean, como generalidades, la primacía del significante sobre el significado, así como el “habla” por sobre la “lengua” y de lo “diacrónico” sobre lo “sincrónico”. Si bien es cierto que la experiencia humana se organiza de acuerdo a ciertas estructuras que actúan performativamente sobre el sujeto, también es cierto que esas estructuras no son unívocas al producir significación, que el lenguaje es antes que nada una práctica y por lo tanto el “habla” no puede dejarse de lado ni subordinarlo completamente al ámibito de la lengua. Las estructuras, entonces, no son innatas, como tampoco las esencias, dadas de una vez y para siempre. Las esencias, por lo tanto, tienen una historicidad y están sujetas al cambio, es decir que lo “diacrónico” también es co-constitutivo de esas estructuras.  Así, la construcción de los sujetos comienza a ser fragmentaria y más compleja. No hay verdades últimas, ni un mundo ordenado y son los individuos, los nombres propios son los que llevan adelante la acción y van tomando de la política o del arte lo que hace falta para comprender o cambiar al mundo. El procedimiento entonces consiste es partir de una experiencia particular para concluir en varias generalidades y no al revés. Los grandes relatos que han signado a occidente como el cristianismo, el comunismo, el psiconanálisis y el capitalismo se encuentran en crisis. Se toman fragmentos de ellos pero no como verdades reveladas ni como explicaciones totales.

Entonces los documentales performativos, cuya improta teórica es el posestructuralismo, son aquellos que no intentan contar grandes historias, ni explicarlo todo, ni hacer trario. Se trata de un abordaje pequeño, contingente, que se va armando sobre la marcha, a veces ni siquiera a partir de un guión.

Más tarde, en la era de la globalización y más puntualmente, una de las primeras relaciones entre el cine documental y los estudios performativos es con la propuesta de Ervin Goffman (La presentación de la persona en la vida cotidiana. Buenos Aires, Amorrortu, 1993). En este trabajo sostiene la tesis de que las relaciones sociales que se establecen entre dos individuos pueden ser consideradas desde una perspectiva teatral. En ellas, las personas asumen distintos roles según la relación/situación en la que se encuentre. Esto tiene particular valor para el documental en el que se intenta registrar hechos sin intervención alguna por parte del realizador, en tanto se proporciona un sostén a la idea de que la cámara no altera las relaciones que captura, ya que partiendo de esta premisa el problemático objeto cámara actuaría como un mero catalizador de una actuación codificada culturalmente. Por otro lado, si seguimos el razonamiento de que las fronteras entre el arte y la vida se han borroneado gracias a los experimentos de la performance y la idea de un documental performativo pareciera ser una especie de culminación lógica.

BILL NICHOLS

La base teórica del posestructuralismo conlleva al término documental performativo, propuesto en la década del noventa por el teórico estadounidense Bill Nichols. (Bill Nichols, Introduction to documentary. Indiana, Indiana University Press. 2001) Esta definición señala un cambio en la producción documental y la relación con su referente, señalando una “desviación del énfasis de una representación realista del mundo histórico hacia libertades poéticas, estructuras narrativas no convencionales y formas más subjetivas de representación,”

Este concepto se puede relacionar con varias de las ideas desarrolladas previamente: el intento de difuminación de las barreras entre ficción y realidad apelando a otras artes, la utilización de “libertades poéticas”, el intento de librarse de formas de representación clásicas y, principalmente, la aparición de una dimensión subjetiva que puede compararse con la aparición de la performance como reacción ante el establishment teatral. Este tipo de documentales se pregunta sobre la naturaleza del conocimiento apelando a una “combinación libre de lo real y lo imaginado” y a una dimensión subjetiva y afectiva. Nichols señala que es a partir de dicha subjetividad, de su anclaje en individuos particulares, que la dimensión expresiva: “puede adoptar una forma de respuesta subjetiva social o compartida”. Más aún, para el teórico: “el documental performativo restaura un sentido de magnitud a lo local, específico y corporeizado. Anima lo personal para que pueda convertirse en el portal de entrada a lo político.” "Lo personal es político", dijo Simon de Beauvoir. Esta sobreestimación de lo personal y la valoración del mundo emocional, redimensiona lo íntimo y lo local para hacer frente a las consideraciones generales, los mensajes ómnibus de los massmedia y los embate de la globalización.

DOCUMENTAL PERFORMÁTICO

Se trata de documentales que no tienen una construcción a priori y que modifican los procedimientos para de hacer guiones ya que se piensan como aproximaciones a situaciones, no escenas ya prefijadas. De esa manera, se piensan escenas a partir de premisas, objetivos  y no de diáologos o situaciones prefijadas. Esta manera de filmar sin preconceptos, logra mayor "naturalidad" a costa de cierta desprolijidad, exacerbando rasgos informales y activando fuertes matices de verosimilitud a costa de abandonar despliegues técnicos que logren una complejidad de la imagen. Se pasa del documental clásico en donde se dice “el mundo es así” por un punto de vista subjetivo que exclama “yo digo que el mundo es así”. El documentalista actúa, inventa, duda, ya sea interviniendo con su cuerpo o su voz en off, de una manera que el lugar de enunciación se funde con el espectador, apelando a él directamente ya que ambos se relacionan abordando el relato en el mismo punto de desconocimiento de su rumbo. 

En la década del 90 se llega a tal punto basar el relato en la oscilante perspectiva del yo – un yo fragmentado, parcial, individual, enigmático y emocional -  el realizador que está detrás de la cámara desconoce para dónde va la historia, no sabe qué le va a pasar o pensar el personaje. Esta presencia del yo del documental performativo puede divide en tres formas diferentes según Pablo Piedras:
a) La propiamente autobiografía, “una cercanía extrema entre el objeto y el sujeto de la enunciación”

b) los relatos de experiencia y alteralidad, donde el feedback entre la vivencia del realizador y el objeto de enunciación permite observar que “la experiencia y percepción del sujeto enunciador profundamente conmovida y el objeto del relato resignificado al ser atravesado por un mirada fuertemente subjetivizada” y

c) ”los relatos epidérmicos”, en donde la primera persona esta débilmente vinculada a la historia.
En resumen: en el documental performativo habla un sujeto sobre sí mismo, un sujeto con el otro y un sujeto sobre el otro. ¿Y cuáles son las consecuencias? Por una parte el sujeto no es ‘él mismo’ en términos absolutos sino que es para la cámara; y por otra parte el documental pierde toda intención de objetividad porque el cineasta se expresa a sí mismo en relación con la realidad que registra, transformándose mutuamente.

Los rubios es una película realizada por Albertina Carri en el 2003 y por su complejidad y originalidad, es un film paradigmático en el documental argentino. La historia se basa, como hija de desaparecidos, en el hecho de no haber conocido a sus padres. Obligada a “construirlos” a través del recuerdo, la evocación de terceros y la propia imaginación, la realizadora desiste en hacer esa evocación a través de la memoria, de lo que se cree recordar. De esta manera, se produce una deconstrucción del horror donde Carri busca rearmar la identidad de sus padres, encontrando que sólo es posible mediante el diálogo con su propia identidad y con el presente. En tanto sus recuerdos presentan inevitablemente fusionados con los de otros, en Albertina Carri memoria y ficción tienden a hacerse indiscernibles. De allí que Los rubios adopte una forma híbrida entre el documental, la reconstrucción ficcional y el ensayo como una manera de documental performativo. De esta manera y dando una vuelta de tuerca, la actriz Analía Couceyro, en una de las primeras escenas dice a cámara: “Mi nombre es Analía Couceyro y en esta película represento el personaje de Albertina Carri”. De allí en más, la película pendula entre la primera y la tercera persona, con Carri filmando a la actriz que representa su papel y con el equipo de rodaje como elenco. 

Del mismo modo y con total coherencia de forma y contenido, Los rubios navegará entre distintas formas de representación, incluyendo la investigación documental (con testimonios filmados de quienes conocieron a Roberto Carri y Ana María Caruso), el género “cine dentro del cine”, el film de denuncia (ex vecinos de los secuestrados huyen de la cámara, como sólo puede hacerlo quien todavía tiene algo para ocultar), la confesión mediada o crudamente personal, la dramatización y hasta la utilización de muñequitos Playmobil para representar –desde la mirada de ese niña que era Carri cuando se llevaron a sus padres– escenas aparentemente tan poco representables como pueden ser el secuestro y la desaparición. 

Como resultado, Los rubios logra narrar la tragedia al mismo tiempo que reflexiona sobre el modo de hacerlo, como bien lo demuestra la inclusión de ensayos en los que la actriz, en su papel de realizadora, repite ante cámara un monólogo que la directora incesantemente pule y corrige, ante la mirada de una segunda cámara que a su vez la registra a ella. 

M es un documental de realizado en el año 2006. Nicolás Prividera es el director de esta película y también su protagonista. En la primera escena se ve una entrevista de un periodista a Prividera en la televisión europea “¿Estás enojado?”, le pregunta. Y el entrevistado responde: “Por supuesto que estoy enojado, pero no es un enojo personal, es un enojo que debería ser de todos”. Este es el tono del film: el director-protagonista enojado, buscando respuestas, llevando adelante y siendo la línea de acción del relato.
Nicolás es hijo de Marta Sierra, una bióloga del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) que cinco días después del golpe militar del 24 de marzo de 1976 fue desaparecida por la dictadura. Y este documental –premiado en el Festival de Mar del Plata– no sólo es el registro minucioso de su investigación para descubrir las circunstancias y los responsables de la desaparición de su madre sino también toda una interpelación a una generación –la de los años ’70– que, según el director - no termina de hacerse cargo de su propia historia.
A la manera de un detective privado, se calza su impermeable y sale a la calle en busca de pistas ocultas y personajes olvidados. Prividera no se conforma con los datos y va tras una pesquisa con la que intentará armar el rompezabezas que para él es su madre. Como en un film policial, que sugiere la obsesión de su protagonista, Prividera desnuda frente a cámara una pizarra en la que cuelgan postales de cine y recuerdos personales y los reemplaza por una foto de su madre, un centro a partir del cual irá agregando recortes periodísticos, documentos y apuntes de su investigación. Fragmentos que no completarán nunca un todo.

A diferencia de la “ficción de la memoria” que resulta Los rubios de Albertina Carri, M no reniega de su carácter documental, pero se permite introducir elementos narrativos o signos provenientes del campo de la ficción. De hecho, esta construcción de sí mismo como personaje y en la manera de “poner el cuerpo” en el film afirmando la subjetividad de su mirada, lo convierten en un documental performativo.

Documental de Ensayo

"El cine-ensayo es como escribir un ensayo sociológico en forma de novela y que para ello sólo dispusiera de notas musicales”. (Jean-Luc Godard)

El documental-ensayo es el equivalente cinematográfico de la larga tradición del género de ensayo literario. Una obra que se basa en una reflexión subjetiva en la que el realizador trata de una manera personal, no exhaustiva ni única, capaz de mostrar, reflexionar y ejercer la crítica al mismo tiempo. El documental-ensayo muestra una voluntad de estilo de forma más o menos explícita proponiendo crear una retórica visual, no simplemente informativa. No posee una estructura definida ni sistematizada ni pretende agotar un tema. En ocasiones hasta no tiene guión. Son películas que no suelen ofrecer una narración dramática como el cine de ficción. Tampoco una representación del mundo histórico, cronológico ni testimonial como muchos exponentes del cine documental. No busca dar una sentencia sobre la cosas, ni procura una verdad última. Un ensayo cinematográfico es una especulación sobre el mundo, un discurso en primera persona conducido por la palabra pero anclado en las técnicas retóricas exclusivas del cine. O mejor dicho, que permite experimentar en el terreno visual por lo que la libertad en la que se maneja el documental-ensayo suele brindar una mirada original sobre el mundo.

Las primeras aproximaciones teóricas al documental-ensayo llegaron con el cineasta alemán Hans Richter y Alexandre Astruc, crítico y director de cine francés, uno de los teóricos más importantes del cine europeo de los años cuarenta. Sin embargo es el influyente crítico de cine y teórico cinematográfico francés, André Bazin,  quien utiliza por primera vez el término documental-ensayo para referirse al trabajo de Chris Marker, en 1957. 

Chris Marker es uno de los cineastas independientes más importantes y a la vez fue un gran desconocido, no sólo por su fobia a las entrevistas y a las fotografías, sino también por su trabajo, poco conocido por la mayoría del público mundial, a pesar de las loas de la prensa especializada y de muchos artistas que no han dejado de mencionarlo como genio e inspirador. Su cine pasa a la historia como el inventor del denominado ensayo fílmico. Sus documentales y cortometrajes, a veces confusos y difíciles de clasificar, combinan un estilo visual con  un punto de compromiso social, como el conflicto israelí, Cuba, Vietnam, China o la Unión Soviética.

En 1955 Marker trabajó como ayudante de dirección de su amigo Alain Resnais, en el documental Noche y niebla sobre el Holocausto. Al año siguiente realiza dos documentales sobre China y la Unión Soviética titulados Dimanche à Pekín (1956) y Lettre de Siberie (1957).

A principios de los años sesenta comienza a trabajar en documentales sobre el conflicto israelí Description d'un combat (1960), y ¡Cuba sí!, rodada en enero de 1961 y montada en plena invasión de Bahía de Cochinos, cinta que supuso un contacto directo con la Revolución cubana. En 1962 estrena el cortometraje La Jetée, una película que obtuvo un gran éxito internacional, mucha repercusión y además, sirvió de inspiración a muchos cineastas, entre ellos a Terry Gilliam en Doce monos

La Jetée  es una película de ciencia ficción de 28 minutos filmada en blanco y negro. En ella se relata la historia de un viaje en el tiempo llevado a cabo tras una guerra atómica. Si bien es una película, el director la define como una fotonovela, ya que se realizó a partir de una serie de fotografías que dan contexto a la narración con una breve secuencia de imágenes en movimiento. Si bien no es fácil encuadrar a este corto como un documental, su carácter experimental y la realización en base a fotografías, coloca a La Jetée como un modelo de narración creativo, económico y novedoso que lo emparenta con un abordaje documental, a la manera de ensayo. Esta aplicación, aunque con diferencias, puede notarse en Le Fond de l’air est rouge, donde en 1977 Chris Marker analiza los movimientos sociales surgidos en diferentes países del mundo a finales de los años sesenta.

Como vemos el documental de ensayo es un tipo de cine difícil de clasificar y más aún de definir, un cine a medio camino entre el documental, el cine experimental y el video realizado por artistas. A diferencia de los abordajes habituales, pedagógicos y cronológicos, el documental de ensayo no pretende ser objetivo ni llegar a conclusiones. Su objetivo es generar reflexiones, puntos de vista, dudas respecto a un tema o una nueva perspectiva.

CINE DE ENSAYO - CINE DE AUTOR

Jean–Luc Godard nació en París en 1930. Se formó en el Liceo Buffon de su ciudad natal, en Nyon, Suiza, y en La Sorbona, donde se graduó en Etnología. Desde muy joven mantuvo relación con los Cahiers du Cinéma, denominado como “...un medio cerrado, febril y apasionado...”, y escribió Arts con artículos muy polémicos. Se trata de uno de los cineastas más controvertidos, conocidos y experimentales de la historia del cine.

Godard defiende a ultranza la figura del autor, reconociéndole el derecho de creación, es decir, autor es aquel quien dirige el filme, quien busca contar historias, hechos, pero de diferente manera, que rompe con las formas convencionales, que abre una puerta a la creatividad y explora otras posibilidades. Autor es quién crea al mismo tiempo que se crea, que improvisa y hace frente a las necesidades según van surgiendo. No busca la aceptación del gran público aunque no reniega si lo tiene. Esta propuesta, alineada a lo que fue la Nouvelle-Vague, se trata de una tendencia innovadora que propone la fusión de documental con ficción, que busca otros rostros, otros personajes y que aúna el azar de la creación con los medios existentes.

El estilo de Godard está siempre ligado a sus escritos, textos que redacta a lo largo de toda su vida y trayectoria, siendo éstos fiel reflejo de sus pensamientos y su forma de concebir el séptimo arte y una puesta en escena de su provocadora creatividad. Respecto a su cine, se caracteriza por su irreverencia y rebeldía respecto al montaje considerado clásico.  
A partir de los años 90, Godard experimenta con el vídeo-ensayo, una expresión que se sitúa en algún lugar entre el documental y el vídeo-arte. Como documental, se juzgan como demasiado experimental, subjetivo y autoreflexivo; como videoarte llama la atención por su evidente compromiso social y su carácter explícitamente político.

Es enorme la producción de Godard. Incluso la última realización que se estrenó en Argentina Adiós al lenguaje (2014) lleva a adelante una historia fragmentada como un video-ensayo en 3D donde experimenta con nuevas formas de percepción. Pero la que marca firmemente la filmografía del francés como documental-ensayo es Histoire(s) du cinéma de 1998. En este film es uno de los proyectos más ambiciosos del cineasta francés, desarrollados en en una serie de ocho episodios realizados a lo largo de diez años (1988-1998) donde Godard muestra un relato sobre el cine y la historia, utilizando la técnica del collage, con fragmentos de otras películas, textos, citas, fotografías, músicas, sonidos, y lecturas a cargo del propio director y de actores franceses.

Por otra parte, es importante resaltar los aportes del cineasta lituano Jonas Mekas, uno de los máximos exponentes del cine experimental estadounidense, y de Harun Farocki, con trabajos documentales de ensayo -tal vez el exponente más importante - como El fuego inextinguible (1969), Imágenes del Mundo y Epitafios de Guerra (1988), Las palabras del presidente (1969) o Los creadores de los mundos de compras (2001).

DOCUMENTAL DE ENSAYO - DOCUMENTAL DE AUTOR

En abril del 2010, el documentalista brasileño Eduardo Coutinho concedió una entrevista a la revista electrónica Tierra en Trance en la que afirmaba que sus documentales eran como un ensayo sin teoría. Porque se remitían al arte y no a la ciencia y porque ni él ni sus películas buscan probar nada ni pretenden “cambiar el mundo”. Estas afirmaciones tienen dos sentidos: por la manera que Coutinho hace documentales y por la forma que piensa el documental en tanto una obra artística y personal. El cine del documentalista se aleja de la tradición del documental televisivo o periodístico y también de la tradición del documental clásico rescatando para el cine documental una fuerte dimensión autoral – subjetiva y, en su caso, intersubjetiva.

En Cabra Marcado para Morrer del 1984, se puede ver el “dispositivo” de Coutinho con la manera de explicitar para el espectador la presencia del director y del equipo de filmación rompiendo con los presupuestos de objetividad y naturalidad del documental clásico. Como consecuencia, el documental deja de ser el retrato de una realidad acabada que el director registra para convertirse en el el producto de la interacción entre sus realizadores y el conjunto de personas que vive esa realidad cotidianamente.

Los documentales de Coutinho se insertan en una brecha abierta por la Nouvelle Vague y el cine-verdad francés, y su crítica al clasicismo cinematográfico donde incluye al cine de ficción y de documental que ofrece al espectador una "ilusión de realidad". Lejos de la linealidad narrativa, el cine de Coutinho desoculta el proceso de rodaje y montaje. El mecanismo de mostrar los dispositivos a partir del cual se descubren las decisiones de filmación, impide la adhesión pasiva de los espectadores. Crónica de un Verano, film de Jean Rouch y Edgar Morin del año 1961, quizá pueda ser considerado una influencia para la realización de la segunda parte de Cabra marcado para morrer, un documental, (re)iniciado en inicios de los años 1980. Ambas películas ponen en claro que su producción interviene directamente sobre la realidad que está siendo filmada. Asimismo, se puede pensar que la desnaturalización de la imagen fue una faceta más de la crisis de la noción de representación que se instituyó en las humanidades entre los años 1960 y 1970 – tanto en las artes como en las ciencias sociales – inaugurando lo que se conocería a partir de entonces como el post-modernismo. Esta crisis puso en tela de juicio la legitimidad de los intelectuales, incluyendo en esa categoría también los cineastas, de hablar en nombre de colectividades sociales cuya existencia, a la larga, también pasaría a ser cuestionada.

Coutinho tendría siempre en cuenta que sus documentales resultan de la relación, mayormente impredecible, con las personas filmadas, teniendo una cámara por medio. Sin embargo, Elizabeth – la personaje principal de Cabra – sería no solamente el primer, sino lo más dramático ejemplo en su obra de que el cine documental produce la realidad que procura representar.

Los recursos y procedimientos probados y, hasta cierto punto, sistematizados por Coutinho en los últimos veinte años son muchos, y creo que se trata de un aspecto de su trabajo a esa altura bastante analizado. Primero, el hecho que en sus documentales el proceso de filmación se hace explícito para el espectador como la presencia del director frente a cámara o las negociaciones que hacen posible la realización de las entrevistas. Segundo, la elección de una “locación única” y el uso del video, que permite a los entrevistados expresarse sin la presión del tiempo impuesto por el rollo de película. Tercero, la ausencia de música y sonidos (únicamente los capturados directamente), la utilización de primeros planos largos son, entre otros. Todos, procedimientos que dejarían una huella muy personal en su cine como manera de documental de ensayo o de autor.

Hay que sumar en la obra del documentalista, la más importante de ellas quizá, y sin lugar a dudas la más difícil de ser sistematizada, es su sensibilidad como entrevistador. No se trata solamente de una aparente ausencia de prejuicios sobre el universo de la persona que es entrevistada. Se trata  de una intervención que incluye al otro sin ser condescendiente, ayudándole a narrar su historia y formular delante de la cámara una representación original de sí mismo y del mundo en el que vive.

Documental Testimonial

Diferencias entre el documental y la ficción. 

El docudrama

En primer lugar, vamos a definir cine testimonial como el uso de la memorias y la experiencia de personas o de grupos volcada en imágenes ya sea en el formato documental o de las películas de ficción, a través del abordaje argumental. Una ficción testimonial es una película basada en hechos reales. Por ejemplo, La batalla de Argelia es una película testimonial. Por otra parte, hay películas relacionadas con el subgénero testimonial, como las películas biográficas, que a veces son testimoniales y otras veces no; hay que analizar cada una según el caso: puede tratarse de una biografía documentada o una versión libre dramatizada. En las películas con una base histórica pueden ser testimoniales, es decir, películas que son fieles a una historia, como por ejemplo La noche de los lápices , basada en el relato del sobreviviente Pablo Diaz. O las que se nutren libremente de diferentes testimonios como es el caso de Garage Olimpo.

La diferencia de la ficción con el documental es que la primera tiene una puesta en escena ficcional y actores que pueden o no ser profesionales. Cuando hay una persona que actúa de sí misma tenemos que analizar si estamos en presencia de docudrama, es decir, una película donde los propios protagonistas de una historia interpretan un rol haciendo de sí mismos. Eso puede verse en distintos documentales, como Camino a la muerte del viejo Reale o las películas realizadas por el Grupo UKAMAU de Jorge Sanjinés. Sin embargo, es más complicado ya que difereciar entre el testimonio y el "hacer de sí mismo" como en un docudrama.

El documental testimonial comienza en la década del 50, un grupo de documentalistas norteamericanos encauzado por el teórico Bill Nichols instaura el registro directo, descartando aquellos recursos de postproducción, de manipulación como era el voz over, los intertítulos, las reconstrucciones, las imágenes ilustrativas, entre otras. A partir de un equipo de filmación liviano y dinámico- que minimiza la intimidación que provocan las cámaras- y la técnica del sonido sincrónico, el documental testimonial inaugura un lenguaje coloquial, espontáneo y una forma viva del habla captada in situ.

En este marco, la entrevista comienza a tener un protagonismo central  como una manera de condensar una experiencia en un intercambio verbal. La presencia del entrevistador puede ser enmascarada o no, esta decisión indudablemente modifica el lugar de enunciación que se quiere proponer. En este punto, resulta pertinente una observación de Michel Foucault sobre la entrevista documental, que la relaciona en más de un aspecto a la confesión. Advertir la influencia de la entrevista desde el punto de vista del propósito terapéutico, pedagógico o policial- como práctica del interrogatorio.

Giorgio Agamben retoma esta formulación en relación a los testimonios de los sobrevivientes de los campos de concentración nazis como veremos en el documental Shoah, un paradigma en el Documental testimonial

Para Rosentone, el testimonio es uno de los recursos más evidentes de una película en tanto trabajo histórico. Respecto a la identidad del entrevistado, el historiador señala que incluir su nombre implica “individualizarlo, hacerlo más responsable de sus palabras” mientras que mantener a un testigo en anonimato, “es una técnica pensada para impresionar y seducir al espectador, quién nunca puede saber qué afirmaciones son correctas.”
La identificación del espectador con el testimoniante que ve en pantalla depende, en gran parte, de que el protagonista exprese datos significativos en su testimonio. En la etapa de post-producción es posible manejar lo dicho para causar distintos efectos en la audiencia, ya sea con recursos que produzcan risa, que maneje la expectativa o la intensidad, ilustrando con imágenes de archivo para subrayar una idea o borrando contradicciones. Por otro lado, utilizar testimonios que se contradicen puede ser útil para presentar distintas facetas de un problema o acontecimiento. Sin embargo, es más común que en los documentales se privilegie un único punto de vista, el que quiere determinar el director.

Shoah de Claude Lanzmann es un documental testimonial de 9 horas de duración aunque también existe una versión comercial, reducida a 90 minutos aproximadamente. Este film de 1985 le confiere a los testimonios un papel predominante, rechazando sistemáticamente las imágenes de archivo para mostrar a los testigos, su palabra, sus cuerpos, sus gestos. Por eso, Shoah es un film pionero en su estilo, que es revisado constantemente cuando se aborda la relación del cine con el testimonio y la memoria. Se trata de un film que restituye una manera de la memoria que confronta con la idea de representación y con la noción de reconstitución o reconstrucción. Lanzmann ilustra inmejorablemente aquello que puede ser pensado como huella en el cine ya que esta película, a partir de los testimonios, no cesa de ordenar y presentar gestos, rastros del horror.

la relación del cine con el testimonio y la memoria. Se trata de un film que restituye una manera de la memoria que confronta con la idea de representación y con la noción de reconstitución o reconstrucción. Lanzmann ilustra inmejorablemente aquello que puede ser pensado como huella en el cine ya que esta película, a partir de los testimonios, no cesa de ordenar y presentar gestos, rastros del horror.
La huella es prueba de que “esto pasó aquí” del film, la idea de supervivencia pues todos los testigos son sobrevivientes, han vivido el holocausto, y lo dicen. Para Lanzmann, las voces y el relato minucioso del detalle, logran probar el crimen cometido de una forma mucho más fuerte e irrefutable que lo que las imágenes de un archivo “histórico” harían.

La fuerza de Shoah, antes que histórica, política, archivística, es esencialmente cinematográfica pues esa imagen permite al testigo que habló en determinado día y lugar no ser una reproducción, sino una producción de un nuevo “ahora, ahí mismo”. Esta inmediatez sin presencia representable, creada en cada visión, es la esencia del cine. El cine por su condición espectral, a través de la palabra, logra dar cuenta del dolor, los hechos, las consecuencias y de aquello que se actualiza en la memoria Entonces el cine testimonial – tal vez también el cine en general – es varias veces rastro: rastro del testimonio mismo, rastro del olvido, rastro de la muerte, rastro del sin-rastro, rastro del exterminio.

Esta presentación sin representación de la palabra testimonial en Shoah toma cuerpo, hace concordar ese gesto con la palabra, relata y se inscribe en un paisaje. Los fantasmas han sobrevivido, son re-presentificados, aparecen en toda su palabra fenomenal, fantástica, es decir, espectral. Son sobrevivientes-aparecidos que reviven a través de la palabra y el gesto. 

No es casualidad la polémica que levantó Claude Lanzmann por realizar un documental por la aspiración de contener, a través  de decenas de testimonios, un relato total de la historia. Shoa es un archivo de sobrevivientes repleto de información y de lagunas. 

Lo importante de este documental es la valoración de la palabra filmada y con ausencia de un material visual que la ilustre. Lanzmann confía en la contundencia del testimonio, sin otros recursos de post producción que acompañe, ni que  ilustren o sumen un sentido nuevo con una imagen que no sea la del rostro de quién está contando su historia. Centrar en la historia en el relato contado en primera persona es una experiencia directa en forma de confesión o de catarsis. Contar el horror, haber visto la muerte entre tantas muertes, valorar el gesto y el lenguaje corporal, acompaña la palabra que se presenta única, sentida e irrepetible.

Shoah crea un paradigma en el abordaje del cine documental por lo que interpela a las producciones que se producen en la misma línea. Así, con la intención de rastrear testimonios sobre la tortura en los campos de concentración argentino, se ubica Montoneros, una historia de Andrés Di Tella. Este documental de 1994 incluye al menos doce breves fragmentos, a modo de flashes que “ilustran” con imagen de archivo testimonios referidos a la tortura de algunos de los militantes entrevistados en el film. Se trata de varias historias hiladas a partir de una, la de Ana María Testa, sobreviviente de la ESMA que expone con pasmosa claridad su vida como militante desde los 16 años, las persecuciones y escapes con su pareja de quién luego se separa y con quién tiene una hija. Otros ejes del documental, expresan dilemas sobre la lucha armada, los ideales sobre cómo cambiar el mundo y las dudas respecto el accionar de la cúpula montonera. Sobresale el relato de quién estando secuestrado refaccionaba máquinas y aparatos en el campo de concentración. Le piden que arregle una picana lo cual le crea un problema ético. Más tarde cuando nota que torturan con una máquina descalibrada de una potencia mayor, finalmente accede a arreglarla.

El tema de Montoneros, una historia es que a testimonios contundentes, detallados, frescos a juzgar por los pocos años transcurridos, los relatos son acompañados, muchas veces a modo de “ilustración”, con imágenes de La batalla de Argelia, archivos de noticieros con Fidel Castro o Cámpora,  del teleteatro “Rolando Rivas taxista” o del Cordobazo. Incluso cuando la militante cuenta que escapaba por un basural de la ciudad de Santa Fe se colocan imágenes de Operación Masacre en José León Suárez. ¿Por qué la vocación de Di Tella de llenar de imágenes descriptivas, testimonios de ese valor documental e histórico? Existen razones que pueden tener que ver “suavizar” los relatos, ubicar temporalmente al espectador afirmando la información expresada oralmente o, matizar el plano fijo de una persona hablando con imágenes de época.

Las maneras de presentar el holocausto, los testimonios de los sobrevivientes y la acción pedagógica o de denuncia resultan un abordaje recurrente en el cine, tanto de ficción como documental. El cine argentino, por su parte, ha desarrollado un enorme abanico de films sobre la última dictadura, asumiendo los incovenientes de representación y éticos que provienen de mostrar los horrores cometidos por los militares. En la mayoría de los casos, desde 1983, ha sido el testimonio la materia prima fundamental para la realización de tantos documentales y ficciones. Esos testimonios, en muchos casos, realizados en nombre propio y asumen una voz personal el relato, como en Cazadores de utopías, Botín de Guerra y tantos otros. Otros testimonios, que no aparecen en los films, forman parte del trabajo de preproducción y de los guiones. Algunos ejemplos de ficciones son Cordero de Dios o Garage Olimpo por nombrar algunos títulos. De la misma forma, proliferan los filmes basados en un sólo testimonio, siguiendo el relato de un sobreviviente como es el caso de Crónica de una fuga.
A continuación, una lista no exhaustiva de películas de ficción y documentales que pueden enrolarse como BIOGRAFIAS. Luego, otra lista -como para tener idea de la vastedad de producción - sobre documentales que tienen al testimonio como herramienta fundamental del relato.

PELÍCULAS BIOGRÁFICAS

Adolfo Pérez Esquivel. Otro mundo es posible (2010) 
Angelelli, la palabra viva (2007)
Con un oído en el pueblo y el otro en el evangelio (1986)
Atletas x dictadura. A geração perdida (2007)
Azucena (2010)
Carpani. Vida y obra (2006)
Cortázar (1994)
Cortázar. Apuntes para un documental (2002)  
Destino final (2008)    
El crimen impune del gobernador Ragone (2008)  
El piano mudo (2009)  
El retrato postergado (2009)
Elisabeth (1991)  
Estela (2008)                                                          
Etäällä Ja Läsnä (1982)                                            
Familia Lugones (2007)                                          
Fragmentos rebelados (2009)                            
H.G.O. Héctor Germán Oesterheld (1998)            
Hacer patria (2006)                                                
Haroldo Conti, homo viator (2008)                        
Hora cero (2004)                                                    
Horas de vida (2006)                                              
Huellas y memoria de Jorge Prelorán (2009)          
Jaime de Nevares, último viaje (1995)                    
Jorge Giannoni, NN, ese soy yo (2000)                  
Juan Gelman y otras cuestiones (2006)                  
La célula fugitiva (2003)                                        
Los cuentos del timonel (2001)                              
Los malditos caminos (2002)                                
Maestros del viento (2001)                                    
Mercedes Sosa, como un pájaro libre (1983)        
Missionnaire (2004)                                              
Montoneros, una historia (1994)                            
Muertes indebidas (2005)                                      
Norma Arrostito. La Gaby (2008)                          
P4R + (Operación Walsh) (2000)                            
Paco Urondo, la palabra justa (2004)                    
Padre Mugica (1999)                                              
Pidan por todos (2010)                                          
Raymundo (2002)                                                    
Rodolfo J. Walsh (1998)                                        
Rosa patria (2010)                                                  
Santucho... todavía (2010)                                        
Soriano (1998)                                                        
Yo, sor Alice (1999)

MÁS DOCUMENTALES BASADOS EN TESTIMONIOS

7746 Legajo CONADEP (2004)
A los compañeros la libertad (1987)
Asesino (2002)
Blauäugig (1989)
Botín de guerra (1999)
Causa abierta contra el genocidio (1998)
Cavallo entre rejas (2006)
Cazadorres de utopías (1996)
Chicha, esperanza y dolor (2008)
Cóndor (2007)
Desaparición forzada de personas (1989)
Desembarcos (1988)
Dossier Argentina (2000)
El beso del olvido (1991)
El último confín (2004)
Ernesto Sábato, mi padre (2008)
Escrache (2003)
Escuchando al juez Garzón (2011)
ESMA. Memorias de la resistencia (2010)
Figli / Hijos (2005)
H.I.J.O.S. el alma en dos (2002)
Hermanos de sangre (2008)
Historias de aparecidos (2005)
Identidades en contexto (2008)
Juan, como si nada hubiera sucedido (1987)
Juicio a las Juntas. El Nüremberg argentino (2004)
Liliana y Eduardo... Las luces de la memoria (2010)
Looking for Victoria (2004)
Los condenados (2009)
Los dueños del silencio (1987)
Los irrecuperables (2006)
Los tabicados (1983)
M (2007)
Mala junta (1996)
Matar a todos (2007)
Nadie olvida nada (2005)
NN (Ni en el río ni en las tumbas) (2005)
No al punto final (1986)
Nosotras que todavía estamos vivas (2009)
Nunca más. Prohibido olvidar! (1993)
Organizaciones horizontales (2002)
Our disappeared (2008)
Panzas (2001)
Playas del silencio (2003)
¿Quién soy yo? (2007)
Rasga memorias (1994)
Sr. Presidente: (2007)
The Art of Resistance (2006)
The Disappeared (2007)
The Search for the Disappeared (1987)
Tierra de Avellaneda (1992)
Tras los pasos de Antígona (2002)
Un claro día de justicia (2006)
Una historia de todos (2005)